La Venta de Lencería

Vender ya es de por si todo un compilado de herramientas psicológicas interesantes, vender ropa y por sobre todo la venta de lencería es una de esas habilidades que pocas personas tienen.

El momento de concretar tanto la venta de lencería por parte de los comerciantes, así como la compra por parte de las clientas, es un momento que implica varias motivaciones.

Por una parte, jugamos con el momento en que la chica o señora decide llegarse a la tienda y elegir un conjunto de ropa interior.

Allí deberíamos averiguar, con base en entablar una mini relación de confianza con la clienta, el motivo por el cual decidió comprar.

Así es que basados, por ejemplo, en una nueva relación que la mujer está empezando, no solo cerrar el trato con un solo conjunto, podemos trabajar junto a ella para demostrarle la necesidad de no solo llevarse uno, sino armarse con un buen arsenal de ropa interior para impresionar esa persona que forma parte en su nueva relación.

Asimismo, si fuera una señora casada de años, podemos hacer la venta de ropa interior para este caso, basados en la necesidad de revivir ciertos sentimientos en la pareja, que habitualmente con el tiempo se van durmiendo fruto de la rutina y el aburrimiento.

Debemos recordar que no podemos recomendarle ropa interior demasiado salvaje a una señora que recién está tratando de abrirse camino en el campo de la ropa interior osada.

Todo es un trabajo de tiempos y sabemos que las señoras tienden a fidelizarse con tiendas y vendedoras que se toman el trabajo de conocer sus motivaciones.

Al fin de cuentas es como ir al salón de belleza, las señoras siempre van al mismo porque la estilista conoce vida y milagros al dedillo de toda la vida de la señora, entonces ya existe esa relación de confianza que hace que una cierre los ojos apenas se sienta y los vuelva a abrir cuando la estilista ha terminado, confiadas que ya sabe que queremos y como lo queremos.

Eso mismo debe pasar en cuanto a la venta de lencería, las vendedoras deben fomentar la relación para que la clienta vuelva por más y desterrar para siempre esa cultura de que una se compra un conjunto y lo usa una y otra y otra vez sin cambiar de modelo.

No, debemos hacerle comprender a la clienta que es posible que se de el gusto de poder tener ropa interior osada y conservadora, camisones para dormir y para “no dormir”, tangas y bragas sin que una anule a la otra.

De esta forma la venta de lencería surtirá los efectos deseados por el comerciante y logrará que las clientas siempre se vean bien.

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